El Encuentro somos todxs // por Maia Schwartz Lozada

 


Éxtasis en sobriedad. Sentí un constante flujo de energía, encontrando voz y fuerza de un lugar que parecía no tener fondo. Dónde el cansancio físico se sentía solo por segundos e inmediatamente aparecían nuevos estímulos. Me llenó de alegría ver la ciudad llena de explosiones creativas, intervenciones, fanzines, pegatinas y remeras.

Viajé con un grupo hermoso de "chanas" (hermana, amiga, compañera). Entre nosotras y todas las mujeres que me crucé a lo largo del fin de semana encontré materializada la sororidad. No quedó en la teoría, se vivió plenamente desde los gestos más pequeños de compartir y acompañar.
Estuvimos paradas varias horas en la ruta así que no llegamos a los talleres del sábado, pero pudimos hacer actividades culturales. Fui a ver Brotará, una obra de teatro increíble de una adolescente que tiene un embarazo no deseado. Se enfrenta con los rincones más oscuros de su propia construcción del aborto, con las limitaciones reales de su entorno y el juicio desgarrador de su madre. Fue lindo abrir el encuentro con esto, la obra materializaba, en una experiencia personal y subjetiva, una de las prioridades de nuestra lucha.
Después de esto fuimos un rato a bailar y tomar birra. Vimos la intervención en la catedral sobre el aborto, llena de mensajes muy emotivos que les escribían mujeres a sus socorristas. Me encantó ver el arte utilizado como herramienta política, creo que permite un acceso al universo emocional muy directo y genera una empatía muy intensa. 
Con un grupo de amigas, artistas visuales, llevamos un fanzine colectivo para repartirles a las mujeres de Resistencia. Con la intención de hacerles un regalo para agradecerles por recibirnos en su ciudad y abriendo sutilmente algunos cuestionamientos. Buscando una forma de intervención creativa que no tenga que ver con rayar paredes. Se los regalamos a las chicas que estaban trabajando o paseando. Tuvimos muy linda recepción, nos sentimos muy bienvenidas en Resistencia.
El domingo fui al taller de "Mujeres, relación con su cuerpo y políticas del cuerpo". Elegí este taller porque me interpela desde lo personal. Hace un tiempo vengo trabajando con la aceptación del cuerpo que no entra dentro de los cánones de belleza hegemónicos. La visibilización y reivindicación de las cuerpas gordas. Había mucha variedad de mujeres, la participación fue muy horizontal, escuchándonos y respetando las palabras de las demás. 
La coordinadora era una grosa, iba a los encuentros desde el 2002 así que nos guío muy bien.
Al principio se dijo que si teníamos alguna propuesta que la compartiéramos. Yo había llevado un texto que escribí a principio de este año. Es una especie de ensayo poético sobre el amor propio. Partiendo de experiencias personales con mi cuerpo. Se generó un espacio de mucho respeto así que decidí leérselo a las compañeras. (lo adjunto por si les interesa). Fue una experiencia hermosa y súper gratificante, algunas de las chicas se emocionaron y me agradecieron por compartir. A mí encantó poder encontrar un espacio de escucha, donde todas las experiencias personales son parte de la construcción de nuestra ideología. Donde el cuerpo aparece como territorio político. También me nutrí de las experiencias y relatos del resto. Una de las chicas estaba muy conflictuada con cómo se vestía, porque sentía que si mostraba las tetas estaba siendo hipócrita con su ideología.
Otra le dijo "la feminista sos vos, y la ropa es ropa." Hablamos de no caer en la necesidad de construir nuevos esterotipos, que como nos vestimos parta de lo que nosotras queremos en cada momento. Permitiendo que fluctúe según nuestro deseo, en constante movimiento y contradicción. Deconstruir y construir es un proceso de todos los días. 
Tomando consciencia de que nuestro estilo no nos define ni nos condiciona. 
En la marcha culminó toda la energía que estaba dando vueltas. Nos llenamos de brillos y alegría. En manada nos sentimos más fuertes y nos fortalecemos en cada momento, el cansancio quedaría para el bondi de vuelta. Saltando, cantando, gritando, compartiendo y divirtiéndonos. En un estado de ebullición permanente, una fiesta que parecía interminable. El canto colectivo, letras con conceptos profundos y complejos, perfectamente sintetizados. En dos días sentí como si hubiera vivido una semana.
Cuando volvíamos de la peña salieron los machirulos a bardear. No estábamos todas juntas, éramos menos y entre chiflidos nos gritaron cosas como "hacete coger puta". 
Como si puta fuera mala palabra. Violencia desagradable que claramente se manifestó el lunes con las chicas que quedaban en la plaza después del cierre. No me quedo con la represión de estos pocos, ignorantes, que no pueden parar un rato a escucharnos. A entender que militamos desde el amor, la búsqueda de la igualdad, la libertad, y que se cumplan los derechos básicos de las mujeres. Me quedo con la sensación de seguridad que me genera caminar con otras mujeres empoderadas. Un derecho que el patriarcado me arranca cada vez que camino sola por la calle. Lo único que lograron es recordarme por qué estábamos ahí y por qué tenemos que seguir luchando.

 

Maia Schwartz Lozada, Bariloche, Río Negro.


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